ÚLTIMO MOMENTO:
El príncipe azul desteñiría al primer lavado
Ya no queremos que nos salven.
Porque entendimos que no hace falta que nadie nos rescate de ninguna torre: aprendimos a bajar solas.
Y si hace falta, tiramos la torre abajo… y la reconstruimos, todos los días si hace falta.
A esta altura, lo sabemos bien: vínculos que nos hagan sentir pequeñas, desprotegidas o que necesitamos ser salvadas… no. Gracias.
Queremos vínculos que nos hagan evolucionar, no que nos devuelvan a la infancia ni nos suban a un pony rosa.
Y si todavía vamos a usar la expresión “príncipe azul”, que sea solo para reírnos juntas del arquetipo que nos vendieron. Porque la verdad es que muchas veces el verdadero príncipe... es una amiga.
Sí, esa que te escucha, te banca, te abraza en el caos y, cuando le preguntás por qué todo salió mal, te contesta con esa sabiduría ancestral de tribu femenina:
“Es un pelotudo, ¿qué querés.”
(Y te reís, porque sí. Porque tenés razón.)
Yo nunca quise un príncipe.
Quise un compañero.
De la plebe. Laburante. Sin vueltas.
Que entienda lo que es la responsabilidad afectiva.
(Risas grabadas, aplausos, corte a la realidad: escasean.)
Así que si vas a explicarme algo, hacelo desde mi misma altura. Ni pony, ni banquito.
No me mansplainees.
Y si sabés más que yo, tené la grandeza de la humildad.
Porque incluso el que enseña, aprende. Y eso se aplica en todos los vínculos.
Tampoco esperes que te cocine feliz después de una jornada larguísima.
Lo que menos tengo ganas es de jugar a la “buena esposa”.
Spoiler: el instinto maternal caduco quedó atrás. Ya no sostenemos vínculos desde la entrega ciega.
¿Sabés qué queremos ahora?
Queremos crecer. Reírnos. Tener vínculos reales, mutuos, adultos.
No ideales desgastados de cuentos que nunca nos representaron…
aunque la manzana envenenada no es una mala idea. 😏🍎
Atte,
La Reina de Espadas 🗡️